DIY – Reconvertir decoración de Halloween

El día que Jessi apareció al trabajo con esto casi nos morimos de la risa.

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-Iba con el coche y lo he visto junto con un contenedor. He parado y lo he cargado.

Las risas continuaban, imaginaros cómo la debía de mirar la gente por los pasillos del hospital con semejante horror en la mano.

-Es para ti, me dijo toda ella sonriente.

Entonces me dejé de reir y mi cara fue todo un poema. ¿Qué c*** hago yo con esto? me preguntaba a mí mismo. Era un regalo y no podría despreciarlo.

Tocaba idear un tuneo con él, pero la calavera me daba un nosequé que paqué por mucho que bailara al ritmo de rock&roll (eso os lo enseñé hace unas semanas por Instagram en forma de vídeo).

La cuestión es que ya en casa estuvo arrinconado muchos días, tantos que acabó sumando a su capa de roñica unos cuantos pelos de Kiko. Aquí os dejo un detalle de esos guarretes que tanto os molan lleno de porquería.

 

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Pero mi idea no era acompañar de roña a la calavera presa, si no reconvertirlo en algo que diera un poco menos de yuyu, así que empecé sacando los chorrocientos tornillos que aseguravan que mi colegui no se escapara. Menos mal del destornillador eléctrico, si no todavía me tenéis ahí.

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El mecanismo interior no lo quería para nada, así que no tuve piedad y arranqué cables.

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Y desmonté los barrotes justos para que saliera mi amigo calavera.

¡Por fin libre!

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Entonces ya sin él dentro aproveché para limpiar a conciencia toda la jaula con jabón. Además le dí una pasada de alcohol de quemar por si las moscas.

Era momento de cambiar el aspecto de la jaula. Opté como siempre por el spray por la rapidez y además por su veloz secado.

Podéis encontrar estos y muchos más sprays en aerosolpinturas.com (incluido el ya famoso chalk paint en aerosol que muchos preguntáis).

Escogí un negro mate.

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Aunque sea mate pasa por el mágico proceso de nivelación tras aplicarlo, me hizo tanta gracia el aspecto brillante que me disparé una foto con un saludo hacia vosotros.

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Aún nos lo he dicho, pero para la jaula tenía un destino: una  maceta colgante. Así aprovecho que tiene una cadenita para colgarla.

Casualmente tenía una maceta que pinté las navidades pasadas de dorado que ahora no encajaba con nada, así que cambiándole el color serviría.

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Y  como plato “recoge-agua” una tapa de plástico que también pinté.

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Ya solo me quedaba rellenar la maceta  y sacar barrotes para introducirla.

Opté por unas cintas para dar volumen al conjunto y que no diera sensación de planta enjaulada (que sí, al fin y al cabo es lo que es). Además esta planta tiene una supervivencia digna de admirar, os lo digo yo que soy un desastre con ellas.

 

Monté todos los componentes de nuevo y ya tengo una maceta colgante!

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Su destino fue el cuarto de baño.

Josep me puso un gancho en el techo y ahí está mi nueva maceta junto la ventana, dando vida a un rincón que no estaba nada aprovechado.

 

Y vosotros… ¿tenéis alguna decoración a la que dar una vuelta de rosca?

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