La indultada por error

 Hoy os enseñaré la silla “flamenca”.

Ella llegó antes que nosotros, mejor dicho ellas ya estaban allí. Entre las cosas del sótano despuntaban unas bolas de color azul, me acerqué, las miré y me horroricé.
Fueron directas al remolque de cosas para tirar, sin remordimientos pues había que empezar a hacer espacio.
Al cabo de unos días una vez el sótano más despejado tocaba el momento de atacar el taller (una habitación dentro del sótano) y ahí apareció ella. El destino la quiso indultar y librarse de la basura y yo ya tenía espacio para guardarla y fiebre tuneadora.

 Era bastante feilla pobre, rota, enmohecida, y pintada con unos esmaltes de colores…
Por otro lado era sólida, la madera estaba en perfecto estado y no tenía ni un agujero de carcoma.

Decidí reinventarla y adecuarla a mi nueva entrada. 
* En primer lugar decidí prescindir del asiento de paja, y con un cútter lo quité completamente
*Cepillo en mano, detergente lavavajillas y agua la limpié a fondo.
*Lijado suave para matar el brillo del azul. Imprimación. Lijado suave de nuevo y finalmente esmalte.
* Ese día decidí probar algo que me sorprendió: tras la última capa de esmalte (a rodillo de espuma y brocha) lijé para quitar las imperfecciones y le dí una pasada de esmalte blanco brillante en spray, y el resultado fue un tacto suave y un aspecto limpio y brillante completamente uniforme.

De nuevo las socorridas maderas del taller sirvieron de algo y cortamos una con la forma del asiento.

En una visita al mercadillo de Tarragona un domingo vi una tela que me gustó ya que su color me iba con el salón y la entrada. Además era un saldo y me costó 3€,  ahora están más que amortizados (cojines, un camino de mesa, el asiento de esta silla y de remate un cuadrito).
Añadir que cuando veo algún sillón o sofá en “abandonado” en la calle me fijo en las espumas, si las veo en buen estado las cojo y las lavo, con manguera y jabón y las dejo secar al sol, es una forma gratis de conseguir rellenos para estos tuneos.
A lo que íbamos, recorté la forma del asiento en la espuma, lo moldeé con las tijeras y grapadora en mano a tapizar (reconozco que cada día me gusta más).

 Una vez tapizado lo fijamos con unos tornillos a la silla y así es como quedó. Me encanta el resultado, es la típica silla sin ser típica, y además a mi gata Nati parece encantarle, muchas tardes se queda ahí, junto a la puerta echando la siesta al fresco de mi entrada.

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