Cristo superSTAR

Cuando ya estuvimos instalados en nuestra nueva-vieja casa empezó la aventura de adentrarse en el sótano, y rebuscar cosas que sirvieran entre las toneladas de trastos que había. En un rincón había 2 bahules, casi podridos, y al abrirlos apareció alguna que otra antigüedad.
Entre todo eso había un cristo, que aunque no soy demasiado creyente ni lo colgaría en mi casa, me mereceió la pena mirárlo 2 veces.

Aunque estaba bastante roñoso, la madera sucia y un poco “destartalado” pensé que tanto sufrimiento ahí clavado desde hacía un montón de años merecía una recompensa.
Así pués lo bajé de la cruz y lo llevé a un balneario…. Una olla con agua hirviendo y vinagre (vaya tortura pensé!) pero ya lo dicen, para presumir hay que sufrir.
Una vez bien hervido lo dejé en remojo unas horas (2 exactamente)

 Y cuando lo saqué lo abrillanté con un paño de algodón, un poco de “Aladdin” (ese algodón rosa que abrillanta metales) y con paciencia y bastoncitos de los oídos fui abrillantando los recovecos de la figura. Quedó así de brillante:

 El siguiente paso fue con la cruz. La lijé con lija de 180, no demasiado, pues me interesaba el aspecto envejecido que ya tenía. La hidraté con aceite de linaza, lo cual le dió un tono al color de la madera que me gustó, y decidí no barnizarla.

 El último paso fue volver a subir al pobre Cristo a su cruz. Aproveché los clavos que ya tenía, pero debido al mal estado del metal había perdido una mano (además de crucificado ahora es manco) así que tuve que poner unas gotas de pegamento tipo Super Glue.


Y así es como le he devuelto un poco su esplendor a un crucifijo que desconozco cuantos años tendrá, pero por los trastos que lo acompañaban seguramente sean más de 50. Y ahí está, en el fondo de un cajón esperando un lugar donde brille más… y mejor!

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